martes, 4 de agosto de 2015

PARA REFLEXIONAR EN PUERTO BOYACÁ



 LA MARCHA DE LA LOCURA

Por: Bárbara Truchman

En nuestro medio también hemos tenido locos como Hítler.

I. UNA POLÍTICA CONTRARIA AL PROPIO INTERÉS
UN FENÓMENO que puede notarse por toda la historia, en cualquier lugar o
período, es el de unos gobiernos que siguen una política contraria a sus propios
intereses. Al parecer, en cuestiones de gobierno la humanidad ha mostrado peor
desempeño que casi en cualquiera otra actividad humana. En esta esfera, la sabiduría —
que podríamos definir como el ejercicio del juicio actuando a base de experiencia,
sentido común e información disponible—, ha resultado menos activa y más frustrada
de lo que debiera ser. ¿Por qué quienes ocupan altos puestos actúan, tan a menudo, en
contra de los dictados de la razón y del autointerés ilustrado? ¿Por qué tan a menudo
parece no funcionar el proceso mental inteligente.

¡Ojo con estos locos, que pueden desarmar un balín!

Para empezar por el principio, ¿por qué los jefes troyanos metieron a aquel
sospechoso caballo de madera, dentro de sus murallas, pese a que había todas las
razones para desconfiar de una trampa griega? ¿Por qué varios sucesivos ministros de
Jorge III insistieron en coaccionar—en lugar de conciliarse— a las colonias
norteamericanas, aunque varios consejeros les hubiesen avisado, repetidas veces, que el
daño así causado sería mucho mayor que cualquier posible ventaja? ¿Por qué Carlos XII
y Napoleón, y después Hitler, invadieron Rusia, pese a los desastres que habían
acontecido a todos sus predecesores? ¿Por qué Moctezuma, soberano de ejércitos
valerosos e impacientes por combatir, y de una ciudad de 300000 habitantes, sucumbió
con pasividad ante un grupo de varios centenares de invasores extranjeros, aun después
de que habían demostrado, más que obviamente, que no eran dioses, sino seres
humanos? ¿Por qué se negó Chiang Kai-shek a oír toda voz de reforma o de alarma,
hasta que un día despertó para descubrir que el país se le había escapado de las manos?
¿Por qué las naciones importadoras de petróleo se entregan a una rivalidad por el abasto
disponible, cuando un frente unido ante los exportadores les habría permitido dominar
la situación? ¿Por qué, en tiempos recientes, los sindicatos ingleses, en un espectáculo
lunático, parecieron periódicamente dispuestos a asumir a su país en la parálisis, al
parecer bajo la impresión de que estaban separados de todo? ¿Por qué los hombres de
negocios norteamericanos insisten en el “desarrollo” cuando, demostrablemente, está
agotando los tres elementos básicos de la vida en nuestro planeta: la tierra, el agua y un
aire no contaminado? (Aunque los sindicatos y las empresas no sean, estrictamente, un
gobierno.

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